El azafrán, ‘oro rojo’ de La Mancha, lucha por sobrevivir
ROBERTO BÉCARES Villafranca de los Caballeros (Toledo)
Los 201 productores de la Denominación de Origen denuncian que la recogida, artesanal y sin apoyo oficial, está condenada a la extinción. El año pasado solo se recolectaron 346 kilos y su valor se disparó: llegó a alcanzar los 12.000 euros en grandes superficies
Valentina Cabra, con el cesto de mimbre colgado del antebrazo, observa con resignación la parcela que el día anterior amaneció cubierta con un manto morado. Hoy, sin embargo, apenas se esparcen por aquí y allá unas decenas de flores de azafrán. «No hay quien entienda esto», explica Valentina junto a sus hermanas Cristina y Ana. «Ayer no paramos. El campo estaba impresionante. Estuvimos como 15 personas recogiendo y acabamos a las dos de la mañana de mondar, pero hoy, mira, nada».
Las hermanas Cabra son la tercera generación de mujeres que se dedican a la recolecta del azafrán, el oro rojo, un cultivo introducido en nuestro país por los árabes en el siglo IX y cuya recolección sigue métodos ancestrales. Aquí en Madridejos, Toledo, a apenas una hora y cuarto de Madrid, unas 45 familias tienen cultivos de la rosa del azafrán, considerado uno de los mejores del mundo, si no el mejor.
Sin mecanizar
Sus productores, sin embargo, afirman que el cultivo está en peligro de extinción. El año pasado solo se recolectaron 346 kilos, la peor cosecha de los últimos años, en los que la media ha sido de 600 kilos. «Es uno de los pocos sectores agrarios que no se ha mecanizado, ni profesionalizado. No hay centros de transformación. La monda se sigue haciendo en casa al calor de la mesa camilla. Como folclore está estupendo, pero nos tiene lastrados y anclados al pasado», explica Carlos Fernández, presidente de la Denominación de Origen de Azafrán de La Mancha, que representa a los 201 productores repartidos por todas las provincias de la comunidad excepto Guadalajara.
Como la cosecha de este cultivo de secano –se suele regar dos veces al año– es muy baja, el precio se disparó este año. Las comercializadoras pagaron a los productores –que lo dan ya tostado y envasado– entre 4.800-5.000 euros el kilo, aunque luego en las grandes superficies se vende a 10.000 e incluso 12.000 euros el kilo. El coste de producción, aun así, es elevado. La plantación de una hectárea, que tiene que ser cambiada de terreno cada cuatro años, puede alcanzar los 50.000 euros.
A la parcela de las hermanas hay que llegar por caminos de tierra, cruzando viñedos y, cada vez más, pistachos y almendros. Está el día nublado en Madridejos y empieza a hacer ya ese frío de otoño que este año nos estaba siendo ajeno. «Es que veníamos de días de mucho calor», razonan las hermanas para explicar por qué quizá hoy apenas han salido las flores. El azafrán se planta en septiembre-octubre, y tiene su floración prácticamente un año después. Una vez sale la llamada rosa del azafrán, la recolecta puede durar entre 10 y 15 días. De cada bulbo, normalmente, salen tres tallos, y de cada tallo tres o cuatro flores. Cada día salen flores nuevas. «Hay que cogerlas con cuidado», explican las hermanas sobre el proceso de recogida, que suele realizarse a primeras horas de la mañana para evitar que el calor las marchite porque son muy delicadas. «El calor o la lluvia las perjudican. Hoy, como no hay muchas y hay buena temperatura, no vamos a recoger».
En los cestos se van acumulando las flores del suelo, tratando de no dañar el tallo. De cada una de ellas se retirarán luego los tres estigmas o clavos rojos, la monda de la flor, que suele realizar gente mayor del pueblo el mismo día de la recogida. «Cuando ellos se jubilen ¿qué pasará?», se pregunta Félix Patiño, de la cooperativa Bioazafrán de Villafranca de los Caballeros, en una de las plantaciones a las afueras del pueblo.
Las parcelas están perimetradas con una valla alta y un doble rizo en la parte de abajo, que se hunde en la tierra unos 20 centímetros para evitar que los conejos causen un estropicio. Los conejos suelen comerse el esparto mientras los topillos, también abundantes por esta zona, atacan más los bulbos. No es el único problema de un cultivo, que tiene males endémicos. El primero, que es un sector «muy pequeño, de minifundios, con producción elemental, secundaria». Se oscila entre las 99 hectáreas y las 125, si bien este año se ha bajado a 108.
«Es llamativo que sean tan pocas, cuando solo de viñedo en Castilla-la Mancha hay 350.000 o solo en Albacete de almendro hay 80.000», dice el presidente de la Denominación de Origen de Azafrán de la Mancha. «¿Acaso no es una producción ya extinta con apenas 100 hectáreas?», se pregunta. «Nadie invierte lo que hay que invertir, habría que desarrollar algún tipo de mecanización porque el proceso de monda es muy tedioso. Cuando la gente que lo hace se jubile esto morirá, será inviable» afirma Félix, otro productor.
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No hay centros de transformación. La monda se sigue haciendo en casa al calor de la mesa camilla
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